¿Estoy haciendo mal uso del Yoga?

 

El continuo crecimiento de la influencia de Instagram en el yoga ha llevado a una nueva ola de críticas entre indios del Este y académicos por igual. Están siendo grabadas acusaciones de apropiación cultural a la vez que están cayendo antiguos mitos.  Muchos de los practicantes más serios se encuentran confusos por la discordia entre lo que ven y leen en los medios de comunicación y por la experiencia que tienen en su propia práctica del yoga.

Viajé a la India en 1998. Pasé 3 meses allí. No fui a estudiar o a quedarme en un ashram. Me fui sin un plan. Solo con una mochila, una guía de Let’s Go y la esperanza de que en algún lugar durante el viaje ganaría perspectiva suficiente como para decidir si quería o no continuar con el yoga como proyecto de vida o buscar otro medio de subsistencia. Solo tenía una condición: mantenerme alejado de los lugares turísticos. Sin duda, aprendí algo muy importante sobre el Yoga durante mi viaje en la India. Cosas que jamás habría aprendido en mis dos años de práctica y formación en la ciudad de New York.

Muchos aspectos del yoga parecían haber permeado la cultura india, lo que realzaba el marcado contraste con el desconocido estado del yoga en los EEUU. Me acuerdo de una conversación que mantuve con un extraño angloparlante local en la que caí en la cuenta de que muchos de mis amigos en Nueva York que estaban asistiendo a Kirtan regularmente y que, hasta cierto punto, se sentían devotos de Kali, nunca habrían sido bienvenidos en el templo de Kali en India. Ningún cántico, sari, o vestimenta india puede hacer pasar por alto los orígenes del individuo o el punto de vista sostenido en la India de que no te puedes convertir al hinduismo. También recuerdo cuantas veces busqué al profesor local de un pequeño pueblo solo para descubrir la cadena de fraudes y charlatanes que se aprovechaban de la ingenuidad de los turistas.

Este es un renovado y legítimo debate que está teniendo lugar sobre si  los occidentales tienen derecho o no a apropiarse del yoga como lo están haciendo.

Los occidentales  tienen la impresión de que no está bien que una rubia de veintitantos tenga una cuenta de Instagram con infinidad de seguidores en la que escribe “Namaste” para promocionar su estilo de vida y marca personal. Así que hay gente como David Gordon White y otros eruditos que, en respuesta a estas modas y al apropiacionismo, están llevando a la luz verdades jamás contadas sobre la historia del yoga que previamente habían estado envueltas en misterio y la tradición.  Si tiramos de la comercialización desenfrenada y el uso del yoga como un grupo demográfico de marketing en todo el mundo, nos encontraremos con un montón de preguntas y llenos de frustración.

Estoy teniendo conversaciones con talentosos profesores de yoga que se están preguntando si abandonar su profesión o no. Están teniendo la sensación de que no encajan lo que el “yoga” se ha convertido. Se avergüenzan de decir que enseñan yoga porque no se identifican con lo que la gente fuera del mundillo piensa que son los profesores de yoga. Yo mismo me he enfrentado con una tormenta de comentarios en Facebook poniendo en duda mis asociaciones y acusándome de ser parte del imperialismo del yoga que se está adueñando de sus raíces indígenas.

La cierto es que la primera vez que el yoga fue vendido y puesto en el mercado en Occidente fue por los mismos venerados profesores que ahora aseguran ser los únicos vestigios de la auténtica tradición.

El uso del yoga para promocionar o vender no es nada nuevo. El señor Iyengar tuvo estudiantes en Martha Stewart para promocionar la venta de sus libros. El señor Pattabhi Jois viajó alrededor del mundo para llevar a cabo eventos de yoga de gran escala, al igual que las celebridades del yoga de hoy en día. Esta gente estaba vendiendo yoga tanto como lo practicaban y enseñaban. Se da por supuesto que eran descendientes de indios. Puede que eso les dé un poco más de derecho de monetizar el yoga. Pero, ¿de verdad hay alguna diferencia? ¿O simplemente estamos experimentando el resultado de los macro cambios en la tecnología y en la economía?

Me enseñaron que para que mi práctica del yoga fuera auténtica necesitaba adaptarla a mis necesidades individuales y ser específico con mis antecedentes culturales. Pero quizá hay un punto donde la práctica ha llegado tan lejos de sus orígenes que deja de ser fiel a lo que es. ¿Cuándo algo se vuelve cierto para ti, pero no lo es para el lugar de dónde viene? Puede que seas de la opinión de que lo importante es que sea de verdad para el individuo y no para un profesor, tradición o ideal.

Krishnamacharya hizo lo que tenía que hacer para crear un camino para sí mismo y para su familia. Esto no quita todos los regalos que hizo a incontables seres humanos.

Independientemente de donde hayamos aterrizado en la apropiación cultural y comercialización del yoga, hay mucha gente alrededor del mundo que, solos o juntándose en pequeños o grandes grupos, están haciendo ejercicios de movimiento y de respiración. Lo hacen no como una forma de hacer deporte sino como una parte vital de su cuidado personal. Las experiencias que están teniendo son genuinamente útiles. Estas prácticas son con frecuencia cruciales para que esta gente se cambie a sí misma y cambie sus vidas llenándolas profundamente de significado.

Otro recuerdo que tengo del tiempo que estuve en la India es que algunas cosas son universales y trascienden culturas. El gesto de poner las manos juntas como oración sobre el pecho, a veces asociado a Namaste, es como un gesto rápido para compartir humanidad. Me he enterado de que también es así en otras partes del mundo a las que he viajado. Simple e innegable es el hilo conductor de la asombro que corre entre los seres. No hay capitalismo o apropiación que pueda tocar el calor y el amor que conocemos en nuestros corazones.

 

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J. Brown

J. Brown is a yoga teacher, writer, and founder of Abhyasa Yoga Center in Brooklyn, New York. A teacher for 15 years, he is known for his pragmatic approach to teaching personal, breath-centered therapeutic yoga that adapt to individual needs. His writing has been featured in Yoga Therapy Today, the International Journal of Yoga Therapy, Elephant Journal and Yogadork.